Autor: Alicia Torres Niño
Frontera agrícola ¿Cómo ha sido su manejo y que se puede hacer para disminuir el impacto hacia el ecosistema de bosque alto andino y páramo?

El municipio de Sibaté-Cundinamarca se encuentra ubicado dentro de la zona de amortiguación del páramo de Sumapaz, el más grande del mundo. Cuenta con diferentes ecosistemas como lo son: bosque alto andino, bosque de niebla y paramo, los cuales sirven como hábitat de diferentes especies de fauna y flora nativa, actualmente algunas de estas especies se encuentran en riesgo de amenaza debido al aumento de la producción agrícola sin control sobre estos ecosistemas.
Sibaté también se caracteriza por ser territorio agricultor, especialmente productor de papa, leche y recientemente, en mayor porcentaje, de fresa. Esta producción se facilita gracias a que el territorio en su mayoría es rural y cuenta con 14 veredas, con un suelo bastante productivo para cualquier cultivo.
Sin embargo, en los últimos años se ha visto un marcado aumento de estas producciones, en especial, el cultivo de fresa, aparentemente sin ningún control sobre áreas que solían ser bosques altos andinos y páramo, lo cual puede representar un riesgo para la diversidad de fauna y flora del territorio, siendo afectado por los monocultivos, dejando ver a lo lejos la sombra de lo que fue el bosque nativo.
Por esa razón se realiza este reportaje en el cual se exponen los puntos de vista de dos lideres y una lideresa, campesinos guardianes de sus territorios, los cuales nos cuentan desde su experiencia y conocimiento que opinan sobre la forma en la cual se ha venido manejando la frontera agrícola y cuales serian las opciones para disminuir su impacto.

Hernán René Farías Fierro, campesino de la vereda Romeral, miembro y fundador del colectivo agroecológico campesino Achamas-Xiua, zootecnista y especialista en Agricultura Familiar, comenta que hace falta la presencia de alguna entidad que realice el seguimiento del manejo que se ha llevado a cabo frente a la frontera agrícola, dice “Yo creo que se ha venido manejando muy mal porque ya deberían estar sectorizadas o marcadas esas zonas donde hay vegetación para que se impida ampliar esa línea de la frontera agrícola”.
La ley de paramos 1930 de 2018, plantea varios puntos por los cuales es importante frenar la posibilidad de continuar ampliando la frontera agrícola, sin embargo, aún no se ha decretado y en este momento se están llevado a cabo diferentes mesas de trabajo con la comunidad para revisar la ley y plantear peticiones, sugerencias y alternativas. Rene nos cuenta: “En las mesas de trabajo que hemos estado con el Ministerio de Ambiente he enfatizado mucho sobre la relación entre el bosque alto andino y el páramo, ya que en realidad el bosque alto andino sirve como amortiguación de las cosas que pasan en el páramo”, reitero Rene.
La franja de transición es todo el ecosistema que se encuentra entre el bosque alto andino y el páramo. “Es la que permite el intercambio de material genético entre las poblaciones que hay cerca del páramo y las poblaciones de las mismas especies que se encuentran más abajo en el bosque. Entonces como apreciación personal no estamos haciendo nada solo con proteger el páramo, el bosque alto andino también tiene que protegerse por ese intercambio que les mencionaba”.

Durante el recorrido que realizamos por el predio de Rene, identificamos varios lugares que él tiene destinados a la conservación, estos fueron cercados para dejar sin ningún tipo de intervención humana y gracias a esto han venido experimentando un proceso de restauración de manera natural, lo cual se podría implementar en otras fincas que cuentan con producción, pero no se evidencia el interés de realizarlo por parte de las demás personas. Dentro de las posibilidades de conservación y manejo que él plantea, se encuentra la iniciativa del movimiento agroecológico colombiano. “Tenemos que cambiar la forma de producir y básicamente el movimiento agroecológico trabaja con eso, no podemos seguir dependiendo tanto en las fincas de insumos externos, no solo por el tema ambiental sino también por el tema económico. Si vamos y miramos la gente está vendiendo sus fincas porque ya, esa pequeña producción, que llaman desde las entidades que nosotros la llamamos agricultura familiar, no puede producir en los territorios porque está dependiendo de esos insumos costosos”.
Afirma Rene que este cambio se debe realizar desde la institucionalidad a partir de una mirada distinta, como ahora lo denomina de la ciencia, un cambio de paradigma consiste en cambiar la forma de hacer las cosas, varias de estas prácticas alternativas, las llamamos nosotros agriculturas para la vida son: la agroecología, agricultura orgánica y la permacultura. “La agroecología recoge herramientas de todas estas agriculturas y las pone en un solo sitio y no solo nos centramos en la agricultura cuando se habla de agroecología sino también nos centramos en el tema social, ambiental y productivo”. De esta manera se puede realizar una producción limpia, económica y amigable con el medio ambiente, la cual disminuiría el impacto que deja a su paso la frontera agrícola.
La comunicación con el ecosistema desde una visión multidimensional para su conservación
Habitante de la vereda Chacua del municipio de Sibaté, Natalia Romero es una lideresa, educadora, Bióloga de profesión, activista, protectora de su territorio y coordinadora de organización comunitaria de trabajo popular Delia. Hoy nos comparte su visión acerca de cómo ha sido el manejo que se está llevando a cabo en el municipio, sobre la expansión de la frontera agrícola y cuáles pueden ser las opciones para reducir su impacto.
“Considero que es importante abordarlo desde una visión multidimensional que abarque aspectos históricos, culturales, sociales, políticos y desde luego ambientales, para poder entender mejor este problema”, afirma Natalia.

Comenta ella que, Sibaté nuestro municipio no es ajeno a ese problema nacional sobre la tenencia de la tierra, la concentración de tierras en unas poquitas manos, en nuestro caso particular Sibaté repartido en algunas familias, porque si bien no está plenamente documentado, por lo que nosotros conocemos de nuestro territorio, lo que andamos y charlamos con nuestra gente, si hay una gran expresión de esa desigualdad en la propiedad rural, como lo decía anteriormente, a mano de unas poquitas familias y eso lo vemos en las diferentes veredas de nuestro municipio, entonces esa tenencia de la tierra genera una dinámica de ampliación de la frontera agrícola, afectando ecosistemas estratégicos como el bosque alto andino y el páramo, que son claves en la producción y la regulación hídrica.
“Esta tenencia de la tierra, quienes la ostentan por decirlo de alguna manera, tiene una visión netamente productiva y por tanto una desconexión total con las dinámicas naturales y culturales de la tierra o del territorio, entonces desde ese punto de vista el cuidar el aljibe, el nacedero, el montecito, siempre se va a sobreponer la producción y por tanto se va a ampliar la frontera agrícola”, afirma Natalia.
Al ampliarse esta frontera agrícola va a haber una mayor fragmentación y pérdida de biodiversidad la cual pocos conocemos y le damos la importancia que debería, la mayoría de los habitantes del municipio desconocen nuestra biodiversidad. También desde el punto de vista de los suelos va a haber una mayor erosión, una mayor compactación lo cual va a generar pérdida de nutrientes del suelo.

Natalia afirma que esto cambia y altera totalmente la dinámica de los ecosistemas estratégicos, entonces hay que primero abordar desde un punto de vista ecológico que el equilibrio no existe, hablamos nosotros de una dinámica de los ecosistemas, en este caso de una dinámica propia del ecosistema de bosque y de páramo, la cual es una comunicación permanente que hay entre los ecosistemas, un flujo de información, de materia y energía que tiene unos ritmos y unos patrones propios que se ven alterados o que se van a seguir viendo alterados al ampliar la frontera agrícola hasta el punto en que los ecosistemas van a dejar de ser resilientes y vamos a llegar a un no retorno de estos ecosistemas partiendo del hecho de todos los servicios ecosistémicos que nos provee el bosque andino y el páramo, como la conservación de la biodiversidad, la regulación del microclima, el abastecimiento de agua, la regulación hídrica, la captura de carbono, etcétera.

Por esto es importante mantener esas dinámicas, pero para mantenerlas es importante conocerlas y vale la pena señalar que en Sibaté ni siquiera tenemos una línea base y esto es fundamental a la hora de generar estrategias de restauración y conservación de estos ecosistemas tan vitales para nosotros.
Para retomar y también para cerrar, vale la pena pensarnos otras maneras de producir, otras formas de relacionarnos con la tierra, con el territorio, por decirlo así, con los ecosistemas y las opciones están, también tienen un respaldo científico, sin embargo no podemos pensarlos sin abordar otras dimensiones, otros aspectos, como lo mencioné, sociales, políticos y culturales para reducir el impacto de la frontera agrícola y por qué no para frenar la ampliación de la misma yo creo que a eso hay que apostarle y debemos apostarle concluye Natalia.
La educación ambiental como herramienta para la conservación
Deogracias Jaimes (conocido como maestro paramo), guardián de su territorio, campesino habitante de la vereda bradamonte, líder y educador ambiental, afirma que las personas no hemos tomado conciencia sobre la importancia de los páramos y los impactos negativos sobre nuestros ecosistemas. “La gente -dice Jaimes- habla sobre la resiliencia y como debemos acomodarnos al cambio climático, pero no habla sobre lo que deberíamos hacer para evitar que esto siga sucediendo y sobre la responsabilidad que tenemos para conservar y proteger nuestros ecosistemas, yo considero que la frontera agrícola avanza a pasos agigantados porque se está empujando a la gente para aumentar la producción de alimento”.
Además de estos factores es importante nombrar la falta de conocimiento y asesoría de nuestros gobernantes a la hora de realizar actividades como reforestaciones, ya que se han traído especies exóticas al páramo como eugenias, arrayanes, acacias y retamo espinoso, las cuales están desplazando las especies nativas del páramo, asegura Deogracias.

Dentro del proyecto que Maestro Páramo tiene de restauración y reforestación, cuenta con un proceso de recolección de semillas de frailejón, las cuales germina y siembra en su vivero para ayudar a reproducir estas especies. Transversal a este proceso él ofrece charlas y talleres de educación ambiental a niñas, niños y jóvenes en instituciones educativas, él manifiesta que: “A mediano y largo plazo se debe crear conciencia en los jóvenes y niños, en muchas ocasiones es difícil generar ese dialogo con personas adultas porque son las maneras de producción que se han heredado y no piensan cambiar estos métodos. Es muy importante usar la educación ambiental como herramienta para entender el lenguaje de nuestros páramos, cómo se puede trabajar en el páramo y cómo lo podemos conservar”.

Adicionalmente Maestro Páramo realiza un proceso de reciclaje y reutilización de material, como es el caso de las bolsas de leche, las cuales utiliza para la plantación de las plántulas en sus primeras etapas de vida. Él asegura que es importante mantener el equilibrio en el ecosistema para tener una vida digna y dejar un futuro a las generaciones que vienen, nos invita a no seguir destruyendo el planeta y mantener el equilibrio que depende de los 5 elementos que tiene el páramo: Agua, Tierra, Flora, Fauna y Los sistemas hídricos. Si uno de estos 5 elementos desaparece nada funciona y se pierde el equilibrio. También recalca la importancia de recuperar nuestra ancestralidad, para realizar una producción amigable, respetando el equilibrio mediante practicas limpias y volviendo a la utilización de semillas nativas y ancestrales.